Lo que se denomina RAEE (mal llamado basura electrónica) es un acrónimo formado por las palabras "residuos de aparatos eléctricos y electrónicos". Se trata de todos aquellos dispositivos de nuestra vida cotidiana que han dejado de funcionar, han llegado al fin de su “ciclo de vida útil” o son reemplazados por otros más modernos.
Actualmente en Argentina, según datos oficiales, aproximadamente al año se produce medio millón de toneladas de estos residuos-e, es decir, se puede calcular alrededor de 13 kilos por habitante. El desafío de nuestro país y del mundo radica en lograr una mayor conciencia de su uso para consolidar una contribución positiva, efectiva y sustentable con el medioambiente.
Desde Unidiversidad dialogamos con Cristina Pampillón, licenciada en Geografía, magíster en Gestión de Residuos y coordinadora del “Programa Residuos” del Instituto de Ciencias Ambientales (UNCUYO), que nos brindó datos poco conocidos sobre esta problemática.
“En nuestro país se estima que solo el 3 % de estos materiales eléctricos y electrónicos son gestionados de manera correcta, y por ende, una gran parte de ellos (entre el 50 y el 60 %) son almacenados en los hogares, comercios y oficinas, en lo que se denomina “efecto tesoro”. Generalmente se almacenan por desconocimiento del procedimiento del descarte. Otra parte de estos residuos-e (entre el 10 y el 15 %) llegan a los servicios técnicos para prolongar su vida útil; entre el 5 y el 10 % se estarían reciclando para recuperar los materiales y el resto termina en basurales o en lugares inapropiados”, detalló.
Durante el año pasado (2020) se estima que había 5000 millones de usuarios de teléfonos celulares en el mundo. Muchos de ellos, a lo largo de su vida, cambian hasta 4 o 5 veces los celulares.
“Un mensaje importante que se le puede dar a la ciudadanía es que los residuos-e no deben tratarse como residuos comunes o urbanos sino que deben ser tratados bajo condiciones especiales”, remarcó la coordinadora del “Programa Residuos de la UNCUYO”.
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